En defensa del Sistema de Admision Escolar
El Gobierno ha propuesto un proyecto de ley que desvirtúa el propósito original del SAE, al reintroducir el criterio de mérito, desatendiendo las recomendaciones de una comisión plural de expertos creada para perfeccionar este mecanismo. Antes de la implementación del SAE, Chile se encontraba entre las naciones con mayor segregación escolar del mundo según nivel socioeconómico, constituyendo un motor central del deterioro de la ya débil cohesión social. De aprobarse, esta iniciativa generará dos sistemas paralelos y propiciará un retorno a los antiguos niveles de segregación del país. Nuestros argumentos:
La gran mayoría de los postulantes obtiene hoy una vacante en una de las tres escuelas que señaló como sus preferencias. La comprensible frustración de los pocos que no lo logran no se debe al sistema, sino a la insuficiencia de buenos establecimientos en las zonas deseadas. Con la nueva ley propuesta, ese problema persistirá inalterado.
El SAE no es una vulgar “tómbola”, como se lo ha caricaturizado, sino un sistema basado en el algoritmo de aceptación diferida Gale-Shapley, reconocido con el Premio Nobel de Economía 2012. Este mecanismo, con distintas variantes, se utiliza en procesos de admisión en ciudades como Nueva York, Boston, Londres, París y Shanghái.
La diferencia promedio en la prueba de Lectura del SIMCE de 4.º Básico entre estudiantes de nivel socioeconómico bajo y alto es de casi 50 puntos. En la práctica, por tanto, seleccionar por mérito académico equivale a seleccionar por nivel de ingresos de la familia.
Una investigación del CIAE (Valenzuela et al., 2024), que analizó la evolución de la segregación entre 2015 y 2024, arrojó conclusiones elocuentes: “hay una disminución sostenida de la segregación escolar en Chile, consistente con los objetivos de la Ley SEP y la Ley de Inclusión. Los niveles de segregación, que alcanzaron su máximo histórico entre 2008 y 2014, se redujeron durante la última década a valores inferiores a los de inicios de los 2000”. En otras palabras, el SAE sí está cumpliendo hoy a cabalidad los objetivos para los cuales fue concebido.
Si este proyecto de ley se concretara, volverá a segregarse a los estudiantes según un discutible mérito académico, medido por sus notas hasta 7º Básico. Previsiblemente, ello incentivará una inflación de calificaciones en la educación básica, impulsada por la presión por “competir mejor”, tal como ya ha ocurrido en la enseñanza media por el acceso a la educación superior.
Si el proyecto desgraciadamente persistiera en sus errores de origen, sería en todo caso imperativo —como ha señalado S. Eyzaguirre— mantener un porcentaje fijo de estudiantes prioritarios en todos los establecimientos y sería necesario además: a) eliminar del algoritmo el criterio de distancia o comuna de origen, ya que discriminaría casi automáticamente por nivel socioeconómico; y b) excluir la entrevista como instrumento de selección, dado que abriría espacio a muchas arbitrariedades que el SAE buscó erradicar. También resulta fundamental prohibir la admisión directa en prekínder por parte de los colegios, pues ello permitiría eludir totalmente el sistema y reintroducir las malas prácticas del pasado.
Con todo, sería deseable establecer en cada región de Chile un número acotado de liceos de excelencia académica, deportiva o artística, en los que el mérito en esas dimensiones específicas debiera incorporarse al algoritmo de selección.
Por último, el Gobierno debiera concentrarse en metas más loables: elevar la calidad general de las escuelas y, especialmente, fortalecer la carrera docente y el liderazgo directivo, para así ofrecer buenas oportunidades a todos los estudiantes, en lugar de intentar desmantelar —por confusas razones ideológicas— un sistema que estaba mostrando resultados muy promisorios.
Francisco Jeria, presidente, y Mario Waissbluth, expresidente de Educación 2020
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