Tuba Skinny y las organizaciones innovadoras
Me topé en Youtube con una banda de jazz llamada Tuba Skinny (el flaco de la tuba, ese grotesco y monstruoso instrumento del cual uno duda que pueda salir sonido melodioso alguno). Me envicié. Hay veces que me quedo hasta las 3 AM escuchando videos de esta banda callejera de aspecto rasca, chalas de dudoso aroma y pelos que rara vez conocieron una peineta, que ha tocado por dos décadas en las calles del Nueva Orleans post huracán Katrina.
Se auto-llaman “el flaco de la tuba” porque el que la toca es flacuchento y porque antes de Katrina había en las calles de esa vapuleada ciudad un gordo monumental tocando la tuba, y la gente lo llamaba… obvio… Tuba Fat.
Una dosis de Wikipedia para el ubicatex del lector: “Tuba Skinny es una banda callejera estadounidense con sede en Nueva Orleans, conocida por sus interpretaciones de jazz de las décadas de 1920 y 1930. La instrumentación incluye corneta, clarinete, trombón, tuba, banjo tenor, guitarra, frottoir y vocalista. Como grupo que actúa en la calle, la banda ha tocado en vías públicas y en festivales de música de todo el mundo, incluyendo México, Suecia, Australia, Italia, Francia, Suiza y España”. Afirman que prefieren claramente las calles de Nueva Orleans a los festivales, ahí echaron sus raíces.
Si se pregunta qué es el “frottoir”, aquí va wiki de nuevo: “El frottoir, washboard o "tabla de lavar" se utiliza como instrumento de percusión, empleando la superficie de metal estriada del dispositivo de limpieza como instrumento de ritmo. Se toca principalmente golpeándola y raspando su superficie con unos dedales.” El desastrado y chascón frottoirista de Tuba Skinny ha elevado este casero instrumento a nivel de arte, tocándolo incesantemente por miles de horas. Sus solos arrancan aplausos de los transeúntes que pasan por ahí… y del público masivo en festivales.
Hoy me dediqué a escuchar a la banda toda la mañana, pero con un propósito ulterior al mero placer musical: tratar de descifrar porqué me envicié, entendiendo lo que hay detrás. No solo escuché, sino que esta vez observé. Creo que lo logré.
La banda tiene como su jefa a la virtuosa cornetista Shaye Cohn, que la dirige dándole la pasada con sutiles inclinaciones de cabeza o cuerpo a los distintos intérpretes, los cuales agarran vuelo durante un minuto o dos, improvisando variaciones en torno a la melodía principal, cuyo ritmo central todos llevan golpeando con un pie el suelo. Décadas haciendo lo mismo una y otra vez, sin grandes aspiraciones monetarias. Lo hacen porque les gusta y punto. Ni siquiera buscan el aplauso fácil, terminan cada pieza con cara cool y pasan a la siguiente sin siquiera una sonrisa, a lo más una leve mueca para el público que los ama.
No se logra el virtuosismo en ningún tema, ya sea música, tenis, o matemáticas, con menos de diez mil horas de práctica, hasta que el objeto de tu pasión se integra en tu mente y cuerpo de manera inconsciente. (Ojalá todos mis nietos lo entiendan). Cada integrante de Tuba Skinny lleva esos tiempos de práctica y más, hasta en la tabla de lavar.
Al fin descubrí el origen de mi vicio: ver a los diferentes integrantes de esta banda, con las leves inclinaciones corporales de la carismática Shane marcando el rumbo, enhebrar e improvisar variantes virtuosas, aun con la tabla de lavar, en torno a una simplona melodía principal es toda una experiencia. De vez en cuando pasan transeúntes y se ponen a bailar en torno a su pegajoso ritmo, y ver a un par de gorditos o de flacuchentos, viejos o jóvenes, integrarse a la banda con sus propias improvisaciones es simplemente genial. No se pierda esta banda si es que el jazz le interesa, y si no le interesa, un par de videos no le vendrán mal.
¿Y qué tiene esto que ver con las organizaciones innovadoras? Todo. Porque una organización innovadora se parece más a una banda de jazz que a una orquesta sinfónica. Esta última sigue al pie de la letra y de manera rígida – aunque también virtuosa – una partitura. Hasta la última nota está predefinida. Aquí, en las calles de Nueva Orleans, nada esta predefinido, salvo el tema principal, que se escucha en reminiscencias lejanas salvo las de la vocalista cuando aparece… ella no improvisa y recupera la idea principal.
Las organizaciones innovadoras no pueden, por definición, actuar con una partitura rígida. Eso está bien para una multi tienda, o para una empresa telefónica, pero no para organizaciones o empresas que buscan constantemente innovar en sus productos o procesos de trabajo. En esos casos cada uno de sus integrantes, incluidos administrativos y secretarias, improvisa en torno a la melodía principal, busca la excelencia a diario, y sobre todo… sobre todo… lo pasa bien, con una sonrisa en los labios y sentimiento de grupo.
Sospecho con bastante certeza que - a muchas grandes empresas y también a los burocratizados servicios públicos - les iría mucho mejor desmembrándoles en pequeños grupos en torno a la misión principal, dándoles autonomía y dando espacio para que trabajen con una sonrisa en los labios. Al final del día la gente no se mueve por incentivos monetarios, bonos o indicadores de desempeño, sino cuando lo pasa bien y tiene cohesión grupal, lo que no se logra si el mega grupo son miles de personas a las que no conocen.
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