Progresismo: ¿qué nos une y qué nos separa? (Comentarios a JJ Brunner)

Recientemente, Jose Joaquín Brunner publicó una columna con este nombre (https://brunner.cl/2026/06/progresismo-que-nos-une-y-que-nos-separa/). Por su novedoso enfoque, creo que es un gran aporte a todos los que difusamente nos llamamos “progresistas”, “social demócratas” o “centro izquierdistas”, y un excelente punto de partida para comenzar una discusión que se hace cada día más imprescindible, en un Chile dominado por el derechismo, el izquierdismo y el populismo. 


Es fundamental levantar una alternativa para ofrecerle un mejor futuro al país, y retomar lo que políticamente fue nuestra época dorada más reciente: 1990 – 2006. La posterior irrupción dominante del PC y el FA en nuestro sector, y nuestra catástrofe política, no es siquiera necesario describir.
Aunque en algunos párrafos de manera algo críptica, y en un lenguaje para especialistas y no para votantes o ciudadanos de a pie, JJB propone cuatro cruciales áreas - problema que deben ser resueltas si es que deseamos trascender el marasmo actual. Transcribo los párrafos esenciales:

1. “El progresismo debe definir claramente su postura fundamental —a nivel intelectual, psicológico, emocional y cultural— frente a un capitalismo que, durante el siglo XX, las izquierdas consideraban a punto de colapsar”.

2. “El progresismo chileno debe ingresar a la sociedad digital y, con una perspectiva histórica, interpretar sus significados, sin ser, como diría Eco, ni apocalíptico ni entusiasta”… “le corresponde cuestionar los desafíos que esta época plantea a las generaciones actuales, en su sentido de humanidad y en su autopercepción de capacidades cognitivas; en la economía, la política, la sociedad y la cultura; en las ciencias y las creencias religiosas; y, especialmente, en los derechos de las personas a controlar su propia vida, frente al riesgo de nuevas formas de servidumbre y explotación aún por nombrar”.

3. Hay “una presión constante por la utilidad y la eficiencia, el ajuste calculado de medios y fines, y la medición y evaluación de toda la vida”…  “La cuestión relevante ya no es si debe prevalecer el Estado o el mercado, sino qué estrategia institucional puede adoptar una nación pequeña y periférica como la nuestra para afrontar estas presiones racionalizadoras sin quedar completamente desplazada por ellas”. (En otras palabras, diremos, qué hacer frente a muchos números y pocos valores.)

4. “El progresismo debería atreverse a plantear sin excusas. ¿Qué queda de la deliberación democrática cuando la política se reduce a un mercado de atención y la opinión se genera mediante algoritmos? ¿Qué queda de la educación cuando su valor solo se mide por su impacto económico y su contribución a la empleabilidad? ¿Qué sucede con la cultura, la ciencia, la vida religiosa, cuando todas deben justificarse ante la utilidad y los impactos medibles? ¿Es posible que el progresismo defienda la autonomía de esas esferas —su legalidad propia, su dignidad no económica— sin caer en la nostalgia de un Estado que lo controle todo o en la resignación ante un mercado que lo devore?” (Esta cuarta área – problema es a mi juicio una derivada de la anterior). 

Hasta aquí JJB. Estoy completamente de acuerdo con estas disyuntivas, que requieren una postura y respuesta clara – e insisto -  su traducción a mensajes comprensibles para ciudadanos de a pie. Uno de los problemas frecuentes de la centro izquierda o progresismo es que sus posturas requieren mucho tiempo y muchas líneas de explicación, mientras que para la derecha la cosa es clara como el agua y puede resumirse en: a) mano dura a la delincuencia, b) menos inmigración (de gente con piel morena sobre todo), c) más eficiencia y crecimiento económico basado en la mano libre del mercado y 4) menos Estado plagado de parásitos, dejemos a la sociedad y el mercado actuar tranquila y sin estorbos. Los progresistas necesitamos abandonar el lenguaje críptico y transmitir pocos mensajes pero tan cristalinos como los de derechistán y  la vez, ser capaces de explicar por qué sus mensajes no son los que llevarán al progreso del país.  Por ello, a continuación, me permito agregar otra área - problema:

5. Una vez construido un discurso político e ideológico coherente, aprender a comunicárselo a la gente de manera tan clara y cristalina como lo hace la derecha, y saber cómo desplegarse por el país y sus regiones para este efecto.

Hay, además, tres áreas – problema adicionales que creo deben ser abordadas:

6. Construir y comunicar una visión de futuro clara, comprensible, entusiasta y adecuadamente soñadora para el país, a 50 años plazo. ¿Hacia dónde debe navegar este barquito de 20 millones de pasajeros en un mar plagado de conflictos y oportunidades, con un Asia - Pacífico con 2500, un mundo islámico con 2000, un mundo capitalista norteamericano y europeo con 1500, e India con 1500 millones de habitantes? ¿Cuáles son los grandes proyectos y grandes metas capaces de movilizar y desarrollar al país en este mar borrascoso? ¿cómo y en qué medida conciliar el desarrollo con el medio ambiente?

7. ¿Qué medidas de emergencia debe el país adoptar frente a a) una niñez y adolescencia con gravísimos problemas, b) una educación que sigue produciendo un 50% de adultos que son analfabetos funcionales, y c) una anomia generalizada que arriesga destruir completamente el contrato social? 

8. ¿Cómo renovar generacionalmente al progresismo, en el cual predominan los sexa, septa y octagenarios que nunca supimos, quisimos o pudimos crear generaciones de reemplazo?

En fin, es muy posible que algunos amigos y amigas progresistas estén en desacuerdo con la prioridad de algunas de estas ocho áreas – problema, o deseen agregar otras, pero reitero que JJB ha producido un documento refundacional que debe servir como base para las discusiones de nuestro sector, hoy derrotado y desplomado. 










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