Pablo Milanés y mis lágrimas
Hoy estuve de un humor de perros. Cometí un error doméstico, incineré unos huesillos, llené el departamento de humo, uff. Para relajarme, puse a mi cantautor favorito, Pablo Milanés, sí, ese de la trova cubana que hoy en nuestro emprendedor Chile suena como palabras e inspiraciones retrógradas. Y... sorpresa... se me salieron las lágrimas. ¿Por qué, Mario, por qué? ¿Porque lloras macho recio? Me bastaron pocos minutos de introspección para comprenderlo. No era solo el monumental valor de Pablo, valor artístico, musical, emotivo, estadios llenos en toda América Latina con pañuelos al viento. Eso siempre ha sido así y aunque me emocionaba, no me arrancaba lágrimas. Lloré por otra cosa, por recordar mi época veinte y treintañera, aquella en que fui parte de una generación que soñaba con revolucionarios cambios, con la reparación de tantísima injusticia, en que todos nos sentíamos parte de una gran familia. El otro día escuche a Marco Rubio, ese preclaro procónsul del imperio, d...